
Como mañana es fiesta, hoy vino a mi cabeza la imagen de la típica fiesta con caballitos, música, tómbolas, puestos de garrapiñadas (ains! q ricas!) y…mmmmmmm algodón de azúcar!!! Me encanta el algodón de azúcar! huele tan bien…pero soy una niña un poco grande para pasear con él en la mano…
Siempre sentí curiosidad por saber el truco que se escondía tras esas nubes inmensas que surgían poco menos que de la nada, tan sólo con derramar unos cuantos granitos de azúcar en ese agujerito de las máquinas de las fiestas. Pues bien, el dilema está resuelto: la parte central de las máquinas consta de un pequeño cuenco en el que se vierte el azúcar y se añade un colorante. Una fuente de calor cercana al borde derrite el azúcar, filtrándose por una multitud de diminutos agujeros y se solidifica al contacto con el aire, formando unos filos hilos.
La persona que maneja la máquina da vueltas a un palo o un cono (algunos usan directamente sus manos) en el gran recipiente metálico al que llegan los hilos, recogiéndolos y formando una nube de algodón de azúcar. Como la mayor parte del algodón de azúcar es aire, las raciones su
elen ser grandes, enormes diría yo, teniendo en cuenta el tamaño de un niño!. Pero, aunque parezca lo contrario, no hay que preocuparse demasiado por la línea porque no son especialmente calóricos debido a que la cantidad real de azúcar que contienen es poca: una ración típica tiene menos azúcar que una lata de refresco típica, normalmente una cucharadita. Eso sí, no hay que abusar, que son grandes amigos de las caries!
Lo bueno, o lo malo, según se mire; es que ahora ya no tenemos que esperar a las fiestas para comprarnos una nube gigante de algodón de azúcar porque algún empresario espabilado se encargó de envasarlas en vasitos de plástico para que las tengamos siempre disponibles el las tiendas de chucherías.

En realidad podemos pensar que su origen se remonta mucho mas allá, a las antiguas civilizaciones ya que su elaboracion es tan sencilla como machacar diversos cereales y granos y mezclarlos con agua cociendolos posteriormente y convirtiendose así en algo comestible.

